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jueves, 4 de agosto de 2011

Los hosteleros, la Ley Antitabaco y la ignorancia

El sábado, mi marido, los peque y yo decidimos hacer una visita al bar de Nacho... como muchos otros bares de la zona en este último año, ha decidido cerrar el negocio. La imposibilidad de poner una terraza debido al poco espacio en la acera y el sucesivo goteo de clientes emigrando a otros establecimientos cercanos con, no diré mejor, sino diferente ubicación, han minado su confianza y su cuenta corriente.



Los porcentajes y estadísticas que dan los medios sobre este tema son como las opiniones, cada uno tiene una e incluso algunos dos. Sea la cifra final que sea, lo que está claro es que los hosteleros están siendo los grandes perjudicados de esta crisis, porque a los problemas financieros que atraviesa España hay que sumarle los desembolsos realizados por las sucesivas leyes antitabaco y la reducción de clientes.

El Gobierno dijo que la normativa antifumadores no influiría en la economía hostelera puesto que ya se había implantado en otros países europeos sin consecuencias significativas, pero claro, a veces hay que ir un poco más allá, porque como ya he comentado con anterioridad, la peor forma de enfrentarse a una política materno-filiar-prohibitiva es la ignorancia:

• Los medios favorecen el desconocimiento: puedes leer desde que algunos de los países más restrictivos han tenido que echar marcha atrás en sus leyes debido a las pérdidas, a que en esos mismos la ley no ha supuesto cambios significativos para los hosteleros.
• Nos olvidamos muchas veces de incluir nuestra cultura como un factor determinante a la hora de analizar las consecuencias. Sol, calle y ocio nocturno hasta altas horas de la madrugada nos diferencia de nuestros vecinos en Europa.
• Ley antitabaco 2006 y Ley antitabaco 2011: habilitar zonas para fumadores en establecimientos de más de 100 metros cuadrados con su propio sistema de ventilación (3.000 euros), licencias y tasas por tener una terraza (500 euros), calefactores exteriores (200 euros la unidad), multas porque un cliente incumpla la ley (de 30 a 100.000 euros), seguir afirmando que la ley no ha supuesto pérdida de empleo, gastos, bajada de la clientela o cierres, no tiene precio.

miércoles, 27 de julio de 2011

Derechos de los fumadores

Tomando café con unas amigas discutimos sobre si los fumadores hemos sido relegados, como también les sucede a otras minorías, a ciudadanos de segunda. Para mí la respuesta es clara, además, no considero la nueva normativa como una ley antitabaco, sino como una ley antifumadores, por eso, al igual que hice con el Decálogo para un Gobierno no fumador, hoy me gustaría recoger algunos de nuestros derechos desde una visión muy particular.

Lo peor es que estas diferenciaciones absurdas no deberían existir. Posiblemente este artículo sólo lo habría dedicado a recordar los Derechos Humanos Fundamentales, que por otro lado, no estaría mal que muchos releyesen.

Si algo me resulta curioso es que juzgamos y sentenciamos sin tener ni idea de lo que estamos hablando, lo que me ha llevado a encontrar en el tabaco un tema que sirve para englobar muchas de las incongruencias gubernamentales, democráticas y sociales actuales.

Artículo 1: Todo fumador tiene derecho a la libertad de elección, de expresión y de pensamiento, debiendo comportarse fraternalmente con los no fumadores y no siendo molestado a causa de sus opiniones.
Artículo 2: Todo fumador tiene derecho a la libertad de reunión pacífica y a no sufrir injerencias arbitrarias en su vida privada, su domicilio, ni ataques a su honra o su reputación.
Artículo 3: Todo fumador tiene derecho a la seguridad social si su deseo es dejar de fumar o si, como consecuencias del tabaco o no, necesita asistencia sanitaria.
Artículo 4: Todo fumador tiene derecho al disfrute de su tiempo libre.
Artículo 5: Todo fumador tiene derecho a que la educación, los medios y el Gobierno fortalezca el respeto a sus derechos y a sus libertades fundamentales, favoreciendo la comprensión, la tolerancia y la amistad entre fumadores, no fumadores, fumadores pasivos y ex fumadores.
Artículo 6: Todo fumador está sujeto a unos deberes, obligaciones y limitaciones en el ejercicio de sus derechos, establecidos por la ley con el fin de reconocer los derechos y libertades de los no fumadores, satisfaciendo las exigencias de la moral, el orden público y el bienestar general en una sociedad democrática, entre los que tendrán especial importancia la protección a la infancia.

Recordar que mientras el tabaco sea legal, todo fumador tiene derecho a fumar.

domingo, 24 de julio de 2011

Mad Men, el tabaco y la memoria selectiva

Me resulta muy curioso el funcionamiento de la memoria humana, la capacidad para olvidar ciertos acontecimientos o conversaciones que no nos interesan y cómo recordamos con todo lujo de detalles lo que refuerza nuestra autoestima, lo que nos resulta útil o aquello que nos sirve para confrontar diversas situaciones en nuestra vida cotidiana, la denominada memoria selectiva.

El tabaco no siempre tuvo que lidiar con trabas administrativas y sociales, hubo una época en la que no sólo estaba bien visto sino que además era equivalente a sofisticación, atractivo sexual e incluso longevidad.

Algunas de las mejores y más grandes campañas publicitarias de principio del siglo XX estaban asociadas a marcas tabacaleras, se hacían concursos de bellezas para fumadoras y se utilizaba a niños o doctores que afirmaban que fumar era bueno y recomendable.

La serie Mad Men, para quienes la conozcáis, lo refleja a la perfección: el tabaco como forma de desestresar, compartir, celebrar, reflexionar… y su vinculación con el mundo de la publicidad en los años 60. El machismo, el clasismo y el sexo tampoco se quedan atrás, pero después de las recomendaciones de la OMS y las medidas antitabaco que se están tomando en diferentes países, Don Draper se convierte, como el resto de los fumadores, en objeto de críticas y ataques injustificados.


Vuelvo a hacer hincapié en que de ningún modo me gustaría incitar a fumar, pero sí recordar que existen unos antecedentes históricos que no debemos olvidar y a diferencia de entonces, tenemos a nuestro alcance toda clase de información sobre los riesgos del tabaco, por lo que pediría que se nos tratarse como personas capaces que entienden y eligen libremente. Al menos, hasta que los próximos estudios vuelvan a decir lo contrario y encuentren facultades beneficiosas a fumarse un cigarro después de comer…

lunes, 18 de julio de 2011

El ruido informativo hacia el fumador

En las últimas semanas he leído y escuchado mucho ruido, ruido informativo. En una sociedad en la que nos es más fácil buscar culpables que soluciones, en la que la paja en el ojo ajeno es mucho más visible que la viga en el propio, no era de extrañar que los fumadores estemos en el punto de mira.

Los vecinos de la mayoría de las ciudades españolas se quejan del ruido, un problema que viene aquejándonos muchos años atrás. No es nuevo que la contaminación acústica en nuestro país sea una de las más altas del mundo, de hecho, desde 2003 tiene su correspondiente regulación, precedida también por las recomendaciones de la OMS.

Podríamos encontrar muchos culpables: la cultura de calle, el ocio, el tráfico, las fábricas, las interminables obras urbanísticas... pero no, la culpa es de los fumadores, que salen a la vía pública a interrumpir el sueño a los demás, siendo de nuevo y sin sentido la diana a la que apuntan todos los dardos de la sociedad.

Insalubridad e incivismo son las nuevas acepciones que se nos atribuyen contribuyendo a fomentar esa persecución gubernamental y ese desvío de atención ante su incapacidad de encontrar soluciones viables.

En medio de la polémica, una vez más, los hosteleros, que después de insonorizar sus locales, habilitar una zona para fumar a día de hoy inservible y tener que pedir y pagar los permisos para poner una terraza, vuelven a sufrir la amenaza de ser sancionados si no controlan a los que fuman en la puerta de sus establecimientos. Lógicamente algunos de ellos intentan esquivar responsabilidades, por otro lado inmerecidas, aludiendo de nuevo a la culpabilidad del fumador.

Humo en el “Living Room”


Pero como contradicciones tampoco nos pueden faltar, existe otra parte de la población que se queja del ruido que conlleva el fenómeno del “Living Room”, algo muy habitual en las culturas europeas y que empieza a proliferar en España a partir, dicen, de la “Ley persecutoria antitabaco”: hacer reuniones en casa con los amigos.

Entiendo entonces que el aproximadamente 72% no fumador de la sociedad no hace uso de las terrazas y en el caso de querer tomar un refrigerio prefiere hacerlo bajo la cuestionable salubridad del aire acondicionado, entiendo que quien fuma también aprovecha para llenar las calles con latas, bolsas o papeles y que la crisis económica no tiene nada que ver en que, fumadores o no, muchos prefieran quedarse en casa e invitar a los amigos para intentar llegar a fin de mes.

Entiendo que... no entiendo nada.

miércoles, 13 de julio de 2011

Hipocresías Gubernamentales Vol. I: El tabaco

No quisiera pecar de monotemática, pero últimamente me pasa eso de no querer saber de algo o alguien y encontrártelo por todas partes y ese algo, en mi caso, es la pésima gestión gubernamental respecto al tabaco, un ejemplo más de incongruencia, contradicción e hipocresía administrativa de nuestro país.

Antes me preguntaba por qué puestos a recortar libertades amparándose en los preceptos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), no cortaban el problema de raíz. La respuesta es demasiado simple:
No interesa cortar el chorro a una de las cinco “gallinas de los huevos de oro” (el tabaco es la quinta partida más importante para las arcas españolas), al menos, no del todo, por eso es mejor gastarse ese dinero en la que desde hoy denominaré “Ley persecutoria antitabaco” que en leyes y medidas preventivas para quienes quieran dejar de fumar y/o para una correcta educación ciudadana de los riesgos del exceso para quienes decidan seguir siendo fumadores.

¿Por qué no financiamos con esas desmedidas cargas fiscales nuestra saturada sanidad? Claro, sin llegar al extremo y “ombligismo” de María Antonia Gimón, presidenta de la Federación Española de Cáncer de mama, que el viernes pasado propuso aumentar más si cabe esas cargas fiscales con el mismo propósito, porque vale, sí, el tabaco es malo para la salud pero también las grasas saturadas y puedo comerme una hamburguesa por 1€.

¿Por qué aumentar los permisos de las terrazas además de por recaudar un poquito más por otro lado?, ¿por unos hosteleros que supuestamente no se han visto afectados por la “Ley persecutoria antitabaco”?, ¿por favorecer a los pobres fumadores a los que ahora se les acusa de crear insalubridad y ruido en las calles?, o ¿por qué realmente interesa bajar el porcentaje de fumadores pasivos, que al final suponen un gasto a la Sanidad y no aportan un ingreso extra?

“Cuando la hipocresía comienza a ser de muy mala calidad, es hora de comenzar a decir la verdad”. Bertolt Brecht

domingo, 10 de julio de 2011

Decálogo para un Gobierno no fumador

Después de los acontecimientos del jueves he tenido tiempo para leer, para pensar y para repasar cómo el Gobierno ha pasado de ser un fumador pasivo a un no fumador activo. Como ya he comentado con anterioridad, no pretendo hacer apología del tabaco, de hecho, la mejor forma de dejar clara mi opinión al respecto es haciendo referencia al Club de fumadores por la tolerancia, una entidad sin ánimo de lucro que lucha por la libertad recíproca y el respeto entre quienes fuman y los que no.

Su Decálogo del buen fumador, lectura que también recomiendo, podría resumirse en fumar como placer y no como vicio, respetar a los no fumadores y los espacios sin humo, cuidar el Medio Ambiente y mantener a los menores de edad alejados del tabaco. De hecho, a partir de sus muy buenas intenciones, pensé en hacer mi propio Decálogo del no fumador, pero he decidido apuntar un poco más alto y crear el Decálogo para un Gobierno no fumador:
  1. El tabaco es legal
    Los fumadores, por el simple hecho de fumar, no somos delincuentes.
  2. Más tolerancia y menos prohibición
    Las personas deben tener libertad de elección y pensamiento para su correcto desarrollo.
  3. Los límites a la libertad terminan donde empieza la libertad de otro
    Pero también donde empieza la Ley (ver punto 1 del decálogo)
  4. Para que exista respeto debe ser recíproco
    Consiste en valorar los intereses y las necesidades de todos por igual.
  5. Los fumadores no somos niños
    El tabaco está dirigido a un público adulto y como adultos responsables y bien informados deberíamos ser considerados.
  6. Información y no desinformación
    La información y la pluralidad de opiniones es crucial para una sociedad.
  7. Ayudarás a quienes quieran dejar de fumar
    No sólo existen soluciones farmacéuticas y de pago. En el caso que se necesite apoyo de las primeras deberán estar correctamente reguladas y testadas.
  8. No fomentarás la persecución y la criminalización
    No deberían existir más alternativas para denunciar que para dejar el tabaco. Si la Seguridad Social está saturada también lo están los Juzgados.
  9. Primará el diálogo
    Amigos, vecinos o familiares no deben dejar de serlo por el hecho de que alguien fume donde no debe y que una visita a la Consejería de Consumo o a la Policía Municipal estén por delante de un “perdone, aquí no se fuma, si es tan amable de apagar su cigarrillo...”
  10. En definitiva, intentarás crear una sociedad sin malos humos

jueves, 7 de julio de 2011

La criminalización del fumador

Hoy estoy muy cabreada. Acabo de llegar a casa y lo primero que he hecho es sentarme a escribir estas líneas, bien por desahogo, por impotencia o por pura indignación.
Esta mañana he llevado a los niños con los abuelos, que se los llevan unos días a la playa y que me dejan a mí otros tantos de relajación. A la vuelta, mientras esperaba el autobús, me he encendido ese primer cigarrito del día, disfrutando de un “pequeño soplo de aire fresco”. Estaba un poco apartada (manías inconscientes por una persecución “gubernamental” al fumador que no entiendo) pero eso no ha impedido que otra mujer, lo de señora le queda muy lejos, me interrumpiese. Os reproduzco a continuación la conversación:

- No sé cómo no le da vergüenza, ¡qué asco!
- Perdone señora ¿qué asco de qué?
- Del cigarro ¿de qué va a ser? Haga el favor de apagarlo ahora mismo porque estamos varias personas que no fumamos y que no tenemos por qué tragarnos su basura. Qué poco respeto, qué poca educación…
- Mire señora, estamos en un espacio abierto y puedo fumar perfectamente…
- Con su salud haga lo que le de la gana, pero no con la mía…
- Mire señora…
- No, no, no… mire usted, a saber cómo tiene su casa de mierda, porque fumar… fumar es de guarras…

La llegada del autobús ha salvado a esa mujer de una más que posible y merecida grosería por mi parte. Yo me he sentado a esperar al siguiente mientras seguía escuchándola despotricar y compartir su intolerancia con los que la rodeaban señalándome con su dedo acusador. Independientemente que no entienda los paralelismos entre el tabaco y la limpieza lo cierto es que ha conseguido joderme una mañana que prometía y lo peor es que no la culpo a ella sino al poder político y en general, a la pasividad que mostramos aunque nos recorten los derechos.

¿Respeto? ¿Cómo pueden pedir respeto cuando son ellos los intolerantes? Nosotros hemos aceptado con la cabeza baja que limiten nuestras libertades, que nos señalen, nos increpen y nos criminalicen. Hemos tenido que cambiar hábitos y costumbres, hemos sufrido una exclusión social y encima nos tenemos que sentir avergonzados y culpables. ¡No, señor! ¡Ya está bien de lanzar “cortinas de humo” contra las minorías (o mayorías) para desviar la atención de lo que realmente importa!

Como reza el subtítulo de este blog “Las limitaciones a nuestra libertad están donde empiezan las del otro” y es por eso mismo que entiendo el movimiento anti-fumador y procuro que mis elecciones personales no perjudiquen a terceros, pero también creo que, por poner un ejemplo, el propietario de un establecimiento debería ser libre de dejar o no fumar y por tanto, sus clientes, de ir o no allí a tomarse el café. La posibilidad de elección enriquece las sociedades.

Hola, me llamo Carmen y soy fumadora.